Desde sus comienzos, el aikido prefirió no limitar a sus alumnos con demasiadas reglas y normas. Se sentía que no eran necesarias porque los alumnos venían al dojo por propia iniciativa, y la mayoría buscaba algún objetivo a través del entrenamiento en aikido. Por tanto, se podía esperar de ellos que observaran el modo correcto de comportarse.
Esta actitud básica defendía el principio de no rehusar nunca la entrada a nadie que deseara venir y de no acosar nunca a aquellos que se marchaban. Los que habían elegido venir desearían observar naturalmente la etiqueta del dojo, y los que se iban no tendrían necesidad de sus normas y reglas. Más que atar innecesariamente a los alumnos, la tendencia era dejar que los acontecimientos tomaran su curso natural.
Una razón para recalcar lo que era natural, era el hecho de que cuando el Fundador fue instado, por primera vez, a abrir un dojo de aikido, sus alumnos originales eran hombres de sentido común, maduros, y de tal experiencia que eran líderes reconocidos en sus campos.
Siendo gente con un gran sentido de la responsabilidad y del decoro, no parecía existir ninguna razón para someterlos a códigos de comportamiento en el dojo.
El Fundador no aceptaba a cualquiera; entrevistaba personalmente a cada uno y era muy selectivo. Ningún factor externo podía influir en la elección de sus alumnos, y una vez que se permitía a una persona entrar en el dojo, éste se topaba con el riguroso programa de entrenamiento. En cierto sentido, debido a la exigente disciplina que se requiere para practicar aikido, los alumnos, aunque no estaban atados por normas y reglas, adquirían una carga mucho más pesada; pero la aceptaban de buena gana.
Pronto, y debido al incremento del número de alumnos, surgieron peticiones de reglas para el dojo. En una ocasión, en la que los alumnos de más edad fueron a ver al Fundador para pedírselas, éste sonrió y dijo: «¡Bien. Parece que los tiempos han cambiado!»
Entonces rápidamente escribió los siguientes seis preceptos y se los dio a sus alumnos.
Dichos preceptos fueron conocidos como las «Advertencias en la Práctica del Aikido».
1. El aikido decide la vida o la muerte en un sólo golpe; así, los alumnos deben seguir cuidadosamente la enseñanza del instructor y no competir para ver quién es el más fuerte.
2. El aikido es la vía que enseña cómo debe uno actuar con varios enemigos. Los alumnos deben entrenarse para estar alertas no sólo de frente, sino por todos los lados y por la espalda.
3. El entrenamiento debería efectuarse siempre en un ambiente agradable y festivo.
4. El instructor enseña sólo un pequeño aspecto del arte. Sus versátiles aplicaciones deben ser descubiertas por cada alumno a través de la práctica y del entrenamiento incesante.
5. En la práctica diaria comienza primero por mover tu cuerpo y progresa luego hasta una práctica más intensiva. Nunca fuerces nada de forma innatural o irracional. Si se sigue esta norma, ni siquiera los ancianos se harán daño y podréis entrenar en un ambiente agradable y alegre.
6. El propósito del aikido es entrenar la mente y el cuerpo y crear gente sincera y cabal.
Ya que todas las técnicas han de transmitirse persona a persona, no las reveles fortuitamente a otros, porque esto podría conducir a que fueran utilizadas por rufianes.
Ya que estas normas fueron escritas alrededor de 1935, parte de su lenguaje parece un
tanto arcaico, pero sus puntos principales son válidos hoy en día.
Son, en resumen:
1. El aikido correcto no puede llegar a dominarse si uno no sigue estrictamente la enseñanza del instructor.
2. El aikido como arte marcial se completa si estamos alertas a todo lo que sucede a nuestro alrededor y no dejamos ninguna apertura vulnerable (suki).
3. La práctica se convierte en alegre y agradable una vez que uno ha entrenado lo suficiente como para
que el dolor no le moleste.
4. No te quedes satisfecho sólo con lo que te han enseñado en el dojo . Debes constantemente digerir, experimentar y desarrollar lo que has aprendido.
5. En la práctica, uno no debería nunca forzar las cosas de manera innatural o irracional, sino que debería emprender el entrenamiento adecuado a su cuerpo, condición física y edad.
6. El propósito del aikido es desarrollar el verdadero ser humano. No debería utilizarse para exhibir el ego.
Estos puntos son esenciales para la práctica del aikido y todavía se mantienen en el
Hombu Dojo. Mucha gente aplaudió especialmente el tercer artículo: «El entrenamiento
debería efectuarse en una ambiente agradable y festivo.»
Un estereotipo común en las artes marciales es del tipo duro y rudo, con andares fanfarrones, pero la exhibición de bravuconería evidencia claramente la ignorancia del auténtico budo, y, de hecho, es un
intento infantil de ocultar una falta de confianza.
Los que conocen auténticamente el budo tienen modales relajados, incluso dan la impresión de ser suaves y gentiles. Aquellos que tienen confianza en el budo nunca fanfarronean ni hacen alardes, y su comportamiento siempre es agradable y alegre. Exteriormente manifiestan delicadeza; interiormente poseen una gran fuerza. En la vida diaria son modestos y sin pretensiones, y sus actos son naturales, nunca forzados. Se muestran tal como son, viviendo la vida natural y espontáneamente. Este es el retrato del verdadero alumno de artes marciales. Cuando gente así se reúne para practicar aikido, el ambiente es en verdad agradable y alegre.
Por Kisshomru Ueshiba 1921-1999
Fragmento del Espíritu del Aikido: “Advertencias en la Práctica del Aikido”

1 Comentario
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2 noviembre 2010 a 14:30
Monchi
Estas son las cosas positivas que tenemos que practicar a lo largo de nuestra vida.Aprendiendo y disfrutando dia a dia del momento.Este es el Arte Marcial que tendria que conocer toda persona.
Muchas gracias y seguir aprendiendo